1. Cuando un médico hace una guardia de 24 horas no se le dan dos o tres días de descanso. No, al día siguiente, con suerte, libra el día, siempre y cuando no se tenga que quedar para pasar la planta o la consulta por escasez de personal.

2. El síndrome “yo aguanto” es el que se manifiesta cuando el médico regresa a casa tras una guardia y decide coger el coche, confiando en que el café que se ha tomado antes de salir le va a evitar cerrar los ojos un segundo.

3. El síndrome “porque yo lo valgo” es el que sufre el médico al salir del trabajo, ir andando a casa y pasar ante un escaparate. Después de una guardia de mierda, uno se merece un bolso aunque cueste medio sueldo y por qué no va a autorregalarse esa tablet. Total, algún vicio hay que tener.

4. El síndrome “poyaque” es el que sufre el médico al llegar a casa, ducharse y…”poyaque” estoy aquí por la mañana voy a ponerme a limpiar, preparar comida para sobrevivir los próximos dos meses y planchar, que uno debe ir con buena pinta al hospital.

5. El síndrome “día de la marmota” es el que sufre el médico cuando ha tenido una guardia mala, se ha tenido que quedar trabajando en el saliente de guardia, se ha ido a su casa arrastrándose como ha podido…y al día siguiente otra vez al hospital. ¿Pero yo he llegado a salir alguna vez de este lugar?

6. Aunque el médico tenga ya 50 años, para su madre es una pobrecita criatura con cara de zombie en un saliente de guardia. Ir a comer a casa de los padres tras sobrevivir a una guardia equivale a comer un plato rebosante de potaje, los boqueroncitos fritos “que tienen mucho calcio”, postre, sobrepostre y siesta obligatoria en el que fue su cuarto.

 

David de Jorge ¿Cómo he podido vivir sin conocer hasta ahora a Jorge de David, el genial cocinero de Robin Food? Lo descubrí por casualidad, buscando una receta de pan de molde de Iban Yarza, mi ídolo panarra. Esto me llevó a ver un vídeo del genial programa, donde ambos compartían la forma de preparar pan de molde y hacer unos deliciosos sandwiches con él. Cotilleando otros vídeos de David de Jorge, me topé con el documental que había elaborado para EITB, “El peso y el espejo“, en el que explicaba cómo había logrado perder 100 kilos en un año. Denominó a su particular operación bikini “Operación bigote de gamba” y decidió compartir con su público su lucha contra los kilos y recetas más ligeras para conseguirlo. Cada dos lunes se pesa, mostrando su avance y su alegría conforme va disminuyendo de peso.¡Viva Prusia!

Lo primero que me vino a la mente tras ver el vídeo fue el día que pisé por primera vez el servicio de Endocrinología del hospital de prácticas que me correspondía en la carrera. Me senté al lado del adjunto que pasaba consulta y tras haber visto a varios pacientes con obesidad mórbida, le pregunté por qué se le facilitaba la realización de cirugía bariátrica para perder peso, con todos sus efectos secundarios, en vez de animarles a seguir una dieta adecuada y realizar ejercicio físico adaptado a sus capacidades físicas. “Mira…¿crees realmente que una persona que pesa casi 200 kilos tiene fuerza de voluntad para seguir una dieta? ¿Crees que no han intentado varias veces perder peso? Muchos llegan resoplando a la sala de espera tras andar los 10 metros que van desde el ascensor hasta nuestra consulta. Y, lo más importante, recuerda que los médicos estamos para ayudar, nunca para juzgar”.

En el documental, el cocinero explica que la primera medida fue la colocación de un balón intragástrico. Mediante un endoscopio y bajo anestesia general, se introduce en el estómago un balón plegado,que luego se rellena con suero fisiológico y colorante y se cierra. Ocupa unos  600 ml, el equivalente a unas dos latas de refresco y es una medida temporal que ayuda a comer menos al alcanzar antes la saciedad. Durante los primeros días es habitual sentir náuseas o incluso vomitar, pero posteriormente esas molestias pasan. Esta medida se lleva a cabo con personas que tienen indicación de operarse (cirugía bariátrica) pero necesitan perder unos cuantos kilos para reducir los riesgos de la operación. Suele mantenerse en el estómago durante 6 meses como máximo.

David toleró bien la colocación del balón y comenzó a llevar una vida más activa, modificando sus hábitos alimenticios. Empezó haciendo ejercicio en una piscina ante su dificultad para andar sin perder el resuello. Más tarde se le ve en el documental con sus cascos andando por el bosque, feliz y relajado. Cuando perdió unos cuantos kilos, entró nuevamente en quirófano para la retirada del balón y someterse a una reducción de estómago.

Tanto endocrinos como cirujanos explican a los pacientes que la operación no lo es todo, ellos deben poner de su parte con un cambio en el estilo de vida que evite la recaída o el fracaso de la intervención. Existen varias técnicas, que se agrupan en restrictivas y malabsortivas. Las técnicas restrictivas buscan reducir el tamaño del estómago, logrando antes la sensación de saciedad. Es una ayuda para personas capaces de disminuir la ingesta y modificar sus hábitos alimentarios, requiere mayor fuerza de voluntad pero se modifica menos la anatomía del aparato digestivo. Las técnicas malabsortivas buscan reducir la digestión y absorción de alimentos al inutilizar parte del aparato digestivo. Parece que las del segundo grupo son ideales…el sueño dorado, comer sin que el cuerpo se aferre a esas calorías…pero claro, hay malabsorción de TODOS los nutrientes. En ambos casos es preciso un seguimiento estricto y revisiones frecuentes en el hospital tanto por cirujanos como por endocrinos. La pérdida de peso es tan brusca que a la piel no le da tiempo a adaptarse y queda flácida, requiriendo acudir nuevamente al quirófano para retirar el exceso.

A Jorge de David le operaron utilizando una técnica restrictiva. Tal como explican en el documental, le regastroplastiatubularalizaron una gastroplastia tubular, disminuyendo el tamaño de su estómago y dejándolo con forma de tubo grueso. Se sacia antes al comer, lo que junto con el incremento de actividad física y el cambio en su forma de comer le ha ayudado a perder peso y ganar en salud y condición física. De vez en cuando comete algún “pecadillo” pero sigue luchando contra la “cabrona” de la báscula.

Mucho ánimo en tu lucha, Robin Food. Desde aquí declaro que eres mi nuevo gurú cocineril, superas con creces a Arguiñano con sus gafas de bucear para picar cebolla.

Para más información:

Información al paciente sobre la colocación de balón intragástrico.

Documental El peso y el espejo.

Sociedad española de cirugía de obesidad mórbida: tipos de cirugía.

fonendo_libroNota:declaro que la marca de fonendoscopio que menciono no me ha remunerado de ninguna manera, ni es un post patrocinado ni nada por el estilo. Si aparece mencionada es por usarla, punto. Conflicto de interés, cero patatero.

Para una persona con hipoacusia, pasar de usar un fonendo “corriente” a usar un fonendo electrónico es como pasar de conducir el coche de los Picapiedras a llevar un Ferrari. Sin término medio.

Cuando cobré mi primer sueldo como médico interno residente (MIR) me compré un fonendo electrónico marca Littman, modelo 3100 . Me mostraron ése  y el modelo 3200, que tenía como ventaja la grabación de la auscultación para reproducirla posteriormente en el ordenador, pero a mí particularmente no me ofrecía ninguna ventaja. Desconozco si hay otras marcas de fonendos electrónicos, no me compliqué mucho la vida cuando fui a la ortopedia, pregunté si tenían fonendos electrónicos y cuánto costaban (me llevé las manos a las fosas renales al saber el precio…). Lo probé, me gustó, elegí el color y comprobé que pesaba más que un fonendo convencional, para darle fonendazos a la máquina del café cuando se tragara las monedillas era ideal. En la foto de la izquierda podéis ver la primera foto que le hice. Un precioso fonendo morado. No, no iba a juego con mis zuecos xD.

Funciona con una pila pequeña que dura bastante, creo recordar que no la tuve que cambiar hasta pasados dos años y pico de uso intensivo. La “membrana” es de silicona, no da frío al paciente como cuando se usa el fonendoscopio convencional (aunque muchos incorporan un aro “quitafrío” de silicona). En las siguientes fotos podéis ver  a la izquierda la membrana de un fonendoscopio convencional y a la derecha la membrana de un fonendoscopio electrónico:

Membrana fonendoscopio convencional. Membrana fonendoscopio electrónico

Lo limpio con solución alcohólica y un algodón o pañuelo tras cada paciente. Es cierto que la fina película de plástico con el logo de la marca que protege la membrana de silicona se despega,pero no es nada que afecte a su uso. Trae dos juegos de olivas (la parte que se pone directamente en contacto con el oído), duras y blandas.

El fonendo permite pasar del modo membrana al modo campana según se necesite pulsando el botón que aparece justo debajo de la pantalla, así como aumentar o disminuir el volumen. Amplifica el sonido hasta tal punto que facilita la auscultación con la ropa puesta y respetar el pudor de algunos pacientes,también es una ayuda para la auscultación de personas obesas. Si el paciente tiene el corazón rítmico, muestra la frecuencia cardiaca en la pantalla, tal como podéis apreciar en la siguiente foto:

fonendo

Cuidándolo bien, puede durar tranquilamente unos 10 años o más. Hay que tener mucho cuidado con que se caiga al suelo o que la membrana se despegue del cuerpo, si se filtra líquido al interior cuando lo limpiemos nos lo podemos cargar.

Estoy contenta con el mío, es una buena herramienta de trabajo. Utilizar un fonendo convencional con los audífonos puestos es casi imposible o muy incómodo, utilizarlo sin audífonos es, evidentemente, otra incomodidad y una limitación.