fonendo_libroNota:declaro que la marca de fonendoscopio que menciono no me ha remunerado de ninguna manera, ni es un post patrocinado ni nada por el estilo. Si aparece mencionada es por usarla, punto. Conflicto de interés, cero patatero.

Para una persona con hipoacusia, pasar de usar un fonendo “corriente” a usar un fonendo electrónico es como pasar de conducir el coche de los Picapiedras a llevar un Ferrari. Sin término medio.

Cuando cobré mi primer sueldo como médico interno residente (MIR) me compré un fonendo electrónico marca Littman, modelo 3100 . Me mostraron ése  y el modelo 3200, que tenía como ventaja la grabación de la auscultación para reproducirla posteriormente en el ordenador, pero a mí particularmente no me ofrecía ninguna ventaja. Desconozco si hay otras marcas de fonendos electrónicos, no me compliqué mucho la vida cuando fui a la ortopedia, pregunté si tenían fonendos electrónicos y cuánto costaban (me llevé las manos a las fosas renales al saber el precio…). Lo probé, me gustó, elegí el color y comprobé que pesaba más que un fonendo convencional, para darle fonendazos a la máquina del café cuando se tragara las monedillas era ideal. En la foto de la izquierda podéis ver la primera foto que le hice. Un precioso fonendo morado. No, no iba a juego con mis zuecos xD.

Funciona con una pila pequeña que dura bastante, creo recordar que no la tuve que cambiar hasta pasados dos años y pico de uso intensivo. La “membrana” es de silicona, no da frío al paciente como cuando se usa el fonendoscopio convencional (aunque muchos incorporan un aro “quitafrío” de silicona). En las siguientes fotos podéis ver  a la izquierda la membrana de un fonendoscopio convencional y a la derecha la membrana de un fonendoscopio electrónico:

Membrana fonendoscopio convencional. Membrana fonendoscopio electrónico

Lo limpio con solución alcohólica y un algodón o pañuelo tras cada paciente. Es cierto que la fina película de plástico con el logo de la marca que protege la membrana de silicona se despega,pero no es nada que afecte a su uso. Trae dos juegos de olivas (la parte que se pone directamente en contacto con el oído), duras y blandas.

El fonendo permite pasar del modo membrana al modo campana según se necesite pulsando el botón que aparece justo debajo de la pantalla, así como aumentar o disminuir el volumen. Amplifica el sonido hasta tal punto que facilita la auscultación con la ropa puesta y respetar el pudor de algunos pacientes,también es una ayuda para la auscultación de personas obesas. Si el paciente tiene el corazón rítmico, muestra la frecuencia cardiaca en la pantalla, tal como podéis apreciar en la siguiente foto:

fonendo

Cuidándolo bien, puede durar tranquilamente unos 10 años o más. Hay que tener mucho cuidado con que se caiga al suelo o que la membrana se despegue del cuerpo, si se filtra líquido al interior cuando lo limpiemos nos lo podemos cargar.

Estoy contenta con el mío, es una buena herramienta de trabajo. Utilizar un fonendo convencional con los audífonos puestos es casi imposible o muy incómodo, utilizarlo sin audífonos es, evidentemente, otra incomodidad y una limitación.

Tengo sordera desde la más tierna infancia, como dirían los cursis. Soy médico. He terminado la residencia y a lo largo de 4 años he atendido a muchos pacientes en Urgencias, Medicina Interna y mi propio servicio. Con mis audífonos y mi fonendo electrónico. Casi ningún paciente se ha percatado de mi sordera hasta que no me ha visto quitarme los audífonos para ajustarme las olivas del fonendo, “coja aire y échelo despacito, que vamos a ver cómo tiene esos pulmones”. Ningún paciente me ha manifestado la menor duda acerca de mi trabajo por mi sordera, de mi capacidad de auscultarles bien.

Tengo compañeros y conocidos con déficits auditivos que tras presentarse al examen para optar a una plaza de Médico Interno Residente  (el famoso MIR) tachan de la lista todas las especialidades quirúrgicas.El miedo a que el audífono se quede sin pila en medio de una operación está ahí. El miedo a que alguien hable muy bajito y, al llevar mascarilla, no poder recurrir a la lectura de labios. Algunos incluso tachan las especialidades “de mucho fonendo”, el miedo a no oír ese fino crepitante, a dudar. O, aún peor, el miedo a que algún compañero subestime su capacidad por tener sordera. Porque carajotes hay en todos lados.

A un médico con gafas nadie le pregunta por qué las lleva. Ni duda de su capacidad para atender pacientes. Pero si ese médico cojea, habrá quien se pregunte si está capacitado para correr por un pasillo y atender a tiempo una parada cardiaca. Si ese médico tiene sordera, habrá quien dude de si está capacitado para auscultar bien o enterarse en un quirófano. Si a ese médico le falta un dedo, habrá quien piense si tendrá habilidad para hacer una biopsia. Si ese médico va en silla de ruedas, habrá quien se plantee si puede explorar correctamente a un paciente.  Pero a nadie se le cruza por la mente qué pasa si al miope se le caen las gafas en una maniobra brusca atendiendo a un paciente grave (true story).

Hay de todo, sí. Minusvalías en mayor o menos grado, sí. Examen médico al inicio de la residencia o cuando se empieza a trabajar como adjunto. Cuatro años como residente me han servido para perder el miedo a muchas situaciones, para restarle importancia al apuro de algunos compañeros al darse cuenta de que no “paso de ellos” al hablarme por la espalda en un pasillo sino que no me había enterado de que me estaban hablando, para sonreír de lado ante los que se ríen de los defectos ajenos, para ganar en mala leche y en humildad, para tomarme la vida con mucha más tranquilidad. Porque cuando una sale de guardia…habiendo visto problemas serios de verdad…habiendo tratado con compañeros fantásticos y con carajotes de manual…no se enfada ni con la vieja que siempre se cuela en la panadería.