Al aparecer la menstruación por primera vez no llegamos a un mundo donde la gente fuma compresas y es feliz a un estado de bienestar supremo. Nos encontramos, entre otras cosas, con la preocupación de que ésta llegue de forma regular y, sobre todo, que llegue. Aumenta el tamaño de nuestro bolso, que llenamos de “por si acasos”, tenemos una excusa fantástica para cuando estamos de malas pulgas y nos adueñamos del sofá, el mando de la tele y la tableta de chocolate. Un topicazo de primera.
Cuando una chica tiene su primera menstruación es normal que durante los primeros seis meses ésta sea algo irregular en duración y presentación, para posteriormente regularizarse. Se establece que lo habitual es que se presente cada 28 días y su duración sea de unos 4 días, con variaciones de una persona a otra.
Si tras haber presentado durante varios meses (o años) un periodo menstrual normal se produce un retraso de la menstruación, la primera causa que debemos descartar es la posibilidad de embarazo. Una vez que se compruebe que no ha habido fecundación del óvulo al que le tocaba salir ese mes del ovario se procede a solicitar en una analítica la determinación del nivel de dos hormonas, la TSH y la prolactica. La TSH es una hormona segregada por la hipófisis que estimula a su vez al tiroides para que sintetice hormonas tiroideas, cuya función fundamental es el mantenimiento del metabolismo basal. La prolactina es una hormona también segregada por la hipófisis; entre sus funciones está la de preparación del útero para un posible embarazo en caso de que un óvulo sea fecundado, baje por la trompa de Falopio y se ancle al útero. Cuando ambas hormonas están alteradas, el periodo menstrual se altera, llegando incluso a desaparecer de forma transitoria.
En caso de que los niveles de ambas hormonas sean correctos, el siguiente paso es plantearse si la mujer tiene un déficit de las dos hormonas fundamentales que regulan y equilibran su periodo menstrual: progesterona y estrógenos. Su función principal es regular las distintas etapas del ciclo menstrual, sincronizar la preparación del útero para un eventual embarazo y la salida del óvulo del ovario. En caso de que no se dé la fecundación, se expulsa el óvulo junto con la capa interna del útero, que se descama causando una hemorragia moderada.
Para comprobar la existencia de un déficit de progesterona se da a la paciente durante cinco días un suplemento de progesterona; si tras ese tiempo presenta un periodo menstrual normal, la principal sospecha es la existencia de un síndrome de ovarios poliquísticos.
Cuando la sospecha es que la chica tiene un déficit de estrógenos y estrógenos, se le administra un suplemento de estrógenos y progestágenos. Si aún así sigue sin presentar un periodo menstrual, el problema se encuentra localizado en el propio aparato genital interno, por lo que el ginecólogo investigará las alteraciones que pudieran existir en el útero o la vagina. En caso de que con el suplemento de estrógenos y progestágenos le llegue la regla a la paciente, el siguiente paso es investigar si hay algún problema en los ovarios, en el hipotálamo o en la hipófisis ( en estos dos últimos se sintetizan las hormonas que “dan la orden” de sintetizar estrógenos, progestágenos y otras hormonas para regular el ciclo menstrual entre otros asuntos).
Espero haber contestado con este resumen a las preguntas que me habéis hecho algunas acerca de las sospechas que tenemos los médicos cuando alguien nos comenta que la regla le ha “desaparecido”. Como podéis comprobar, no es tan sencillo a veces dar con la causa, ni se halla a la primera.
Y no se tiene en cuenta por ejemplo sospecha de hipotiroidismo? Por curiosidad… (dos amigas con tiroiditis de Hashimoto, de ahí la curiosidad)
Sí, sí, de hecho si la TSH y el recuento de hormonas tiroideas en sangre está alterado hay que investigar el tiroides y ver qué está pasando ahí. Lo editaré, porque no lo he dejado bien claro, muchas gracias