En el capítulo 11 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, titulado “¿Es malvada la medicina convencional?” , se habla de las triquiñuelas para conseguir que un artículo científico diga lo que al investigador le conviene que diga, los sesgos por incompetencia o mala fe para conseguir un determinado resultado. ¿Sorprendidos? Yo no.

En Ciencia hay que ser lo más rigurosos y precisos posible, escépticos hasta la médula y exigentes. No nos queda otro remedio para avanzar en el conocimiento de lo que nos rodea. Para eso se inventó el método científico y por ello nos apoyamos en materias como la Estadística y la Medicina Basada en la Evidencia.

La Estadística es un coñazo de asignatura. Ya está, ya lo he soltado. Pero es una asignatura muy necesaria para poder leer un artículo científico con espíritu crítico, interpretar los datos que nos aporta, ver la rigurosidad y veracidad de esos datos y darlos por válidos o no. Así, basándonos en ella podemos entender que, por ejemplo, para estudiar el efecto de un nuevo fármaco en el organismo tenemos que plantearnos dos posibilidades: la hipótesis nula, que no exista diferencia entre tomar ese fármaco y no tomar nada o tomar otro fármaco y la hipótesis alternativa, que verdaderamente haya diferencias. Los ensayos clínicos que se hagan irán dirigidos a tirar por tierra la hipótesis nula y demostrar que sí hay diferencias entre tomar ese fármaco y no tomar nada o tomar otro.

Otro detalle a tener en cuenta al apoyarnos en la Estadística es la prueba de contraste de hipótesis, en la que comprobaremos si los resultados obtenidos que apuntan a que hay diferencias son reales.  Para eso tenemos el grado de significación estadística o valor de p, de modo que cuanto más pequeño sea el valor de p menos posibilidades hay de que los resultados hayan sido por puro azar y más en contra se va de la hipótesis nula. Si dicha probabilidad es menor de o.o5 (valor que se ha tomado por consenso), la hipótesis nula se rechaza y se acepta la alternativa, que efectivamente hay diferencias, y se dice que el resultado es estadísticamente significativo. Este párrafo puede resultar un ladrillo indigesto, repasadlo las veces que sea necesario y preguntad, preguntad y preguntad :)

¿Cómo podemos manipular o falsear todo lo contado hasta ahora para que vaya a nuestro favor en un ensayo clínico?

Se me ocurren algunos ejemplos sencillos tras leer la bibliografía que cito al final del artículo y seguramente vosotros tengáis otros:

1. Preferir comparar el fármaco con el placebo antes que con otro fármaco ya existente y bastante bueno, por cierto, consiguiendo reforzar la hipótesis alternativa, que sí hay diferencias. Claro, las gráficas salen más bonitas y llamativas al haber más diferencias entre el fármaco y tomar algo inefectivo que si comparamos el nuevo fármaco con el existente.

2. En todo ensayo hay personas que abandonan el tratamiento o se salen de éste por efectos secundarios, principalmente. Obviar cuidadosamente estos abandonos y centrarse en quienes llegan al final del experimento es una bonita manera de maquillar resultados con hipótesis alternativa “positiva”.

3. Si al realizar el ensayo vemos que no salen los datos que queremos, las diferencias que buscamos…pues mira, ve probando a comparar diferentes aspectos, a lo mejor no hay diferencias en el control de la tensión arterial, pero sí le baja el colesterol “una mijita” y oye, hay que fijarse en eso y darle bombo y platillo, nuestro fármaco consigue bajar el colesterol un poquito más que el que más se prescribe actualmente.

En el siguiente capítulo os hablo de la relevancia clínica de los artículos.

Bibliografía empleada:

Cobo, Erik, et al. Bioestadística para no estadísticos. Elsevier Masson 2007.

Goldacre, Ben. Mala Ciencia. Paidós 2011.

Significación estadística, relevancia y escitalopram. El rincón de Sísifo.

Significancia estadística y relevancia clínica. Fisterra.

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Tren media distancia. Una parejita hablando de mil pamplinas y frikadas.

- Cari, si mezclas oxígeno con metano se produce una explosión, ¿no?

- Sí, pero le tienes que añadir una chispa, que cuando uno se tira un pedo sale metano y nadie se ha churrascado el culo por eso.

Esta breve conversación me ayuda a contaros un frikidato, como diría EC-JPR: en quirófano, cuando se realiza una laparoscopia, se necesita insuflar gas para distender el abdomen o la pelvis, según lo que se esté operando, para ver bien. En la laparoscopia, al contrario que en la laparotomía, no se necesita hacer un buen corte, abrir y empezar a trabajar, sino que con dos incisiones para introducir el instrumental y otras dos para meter la cámara conectada a la pantalla desde la que se ve el interior y un insuflador de gas, como se ve en la imagen que pongo como ejemplo (aunque le falta el insuflador de gas), es suficiente. Obviamente, si en el abdomen tenemos una generosa cantidad de metano, producto del trabajo de las bacterias que colonizan nuestro intestino, y se está metiendo un bisturí eléctrico, no conviene meter oxígeno, de ahí que el gas que se insufle sea dióxido de carbono. El dióxido de carbono es fácilmente absorbido por la circulación sanguínea y expulsado por los pulmones, otro punto a favor de su uso.

Por otra parte, buscando en Internés acerca de tan “pedósico” tema, he encontrado imágenes y artículos curiosos, como éste de Maikelnai acerca de las vacunas antipedorretas, con el fin de disminuir la cantidad de emisión de metano a la atmósfera por eructos y flatulencias de vacas y ovejas, así como miles de imágenes sobre personas que han hecho al menos una vez en la vida la gracia de tirarse un “pedo explosivo” con un mechero. ¿Qué pasaría si alguien le arrimara una cerilla a una vaca en pleno proceso de alivio y desalojo de la inmensa cantidad de metano que puede alojar en sus tripas?

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Los jefazos de Amazings, además de ser bastante majetes y hablar de temas interesantes como “Amazings contra la desinformación nuclear“  tienen el don de la oportunidad. Estaba pensando en lo divina que salgo en la foto del pasaporte recién sacado, porque hacerse una foto en un saliente de guardia es tenerlos como el caballo de Espartero, pensando en qué zapatos ultradivinos debía meter en la maleta cuando eché un vistazo a mi Reader y vi que habían escrito un artículo que escribí hace un tiempo sobre el Jet Lag. Que Alfonso Gámez me perdone, pero para mí esto tiene que ser telepatía o algo :mrgreen:

Coñas aparte, aquí os dejo el enlace para que lo disfrutéis y comentéis vuestra experiencia al respecto: Socorro, tengo un viaje largo y tengo miedo al Jet Lag.

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