Nos pasa tanto a oncólogos como a médicos relacionados en mayor o menor medida con la Oncología. Los hematólogos, por ejemplo. Yo diría que más de la mitad de mi especialidad es oncológica. Y que no siempre sabemos lidiar con la parte emocional del asunto.

Bueno, que me enrollo y me desvío. Cuando entramos en la habitación de un paciente se nos llena la boca de palabras y conceptos como “quimioterapia“, “metástasis“, “infecciones oportunistas“, “suero“, “bicarbonato“, “síndrome de lisis tumoral“. Nos importa que la persona salga adelante, que el cáncer no se la coma. Minimizar los efectos secundarios de la quimioterapia. Evitar que coja infecciones por la bajada de defensas que acompaña a algunos tratamientos.

Todo lo que he contado arriba está muy bien, desde el punto de vista  clínico. Sin embargo,  no siempre nos paramos cinco minutos con el paciente para contarle otras cosas, relacionadas con su vida y su enfermedad. Por ejemplo, animarle a que haga deporte. A veces la estancia en el hospital se prolonga, el paciente pasa mucho tiempo en la cama o el sillón y pierde algo de masa muscular. Y de ánimos. Hacer deportes no sólo le va a ayudar a recuperar forma física, sino psicológica. No hablamos tampoco del cuidado de la piel, que se reseca bastante. Ni de a dónde acudir para comprarse una peluca, si se piensa en ello. No nos paramos a pensar en la vida más allá del hospital. Bastante tenemos con lidiar con enfermedades, con un listado enorme de pacientes y el cansancio acumulado de las guardias. Nos pillan por sorpresa cuando nos enseñan la foto del gato o del perro que está esperándoles en casa y nos preguntan si tendrán que echar al pobre animalito de allí “…como estoy con las defensas tan bajas”. A veces estamos tan metidos en el aspecto clínico que cuando nos sacan de ahí tardamos unos segundos en entender lo que nos están preguntando.

En mi última guardia pasé más de veinte minutos hablando con una paciente de todas estas cosas. La animé a ponerse los pendientes en cuanto saliera del hospital, “Aquí te doy permiso para estar con la cara lavada y sin pendientes…pero que no te vea yo por el pasillo con el alta en la mano y sin tus pendientes bien puestos” bromeaba. Sé, por otras pacientes, lo que anima verse guapa a pesar de la enfermedad, muy diferente pero guapa a pesar de todo. Echarle imaginación a las mil y una formas de ponerse el pañuelo en la cabeza para tapar la ausencia de pelo o esa pelusilla de bebé que crece al principio. Recuerdo a una paciente con una carita preciosa, su rimmel realzando sus pestañas tan largas y un pañuelo de color naranja muy llamativo y puesto con gracia. Preciosa. Además, curiosamente a muchos se les riza el pelo con la quimioterapia; cuando ya han pasado el tratamiento y únicamente les quedan las revisiones, los vemos con unos rizos bastante llamativos. “Chiquillo, además de quitarte el linfoma te hemos dejado más guapo” le dije una vez a un paciente al verlo al cabo de muchos meses.

Ojo, que estoy generalizando. Afortunadamente no ocurre siempre. No ocurre a todos. Pero pasar, pasa. Y me gustaría que fuéramos conscientes y arañáramos cinco minutos para hablar poquito a poco de estos temas…

 

 

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A finales de Agosto me reincorporé al trabajo tras las vacaciones. En menos de 10 días era consciente de la pérdida de forma física. Desengañémosnos, no era algo que se hubiera dado en un mes de vacaciones,  pero este año había empezado a dar señales cada vez más difíciles de obviar. Un día en consulta me costó la misma vida hacer una biopsia de médula ósea a una paciente con un hueso algo más duro de lo normal y pasé la mañana entera de consulta con un dolor lumbar horroroso. Diablos, con 28 años no podía estar así.

Decidí apuntarme a un gimnasio cercano a casa. Horarios amplios que me permitieran ir en cualquier momento. Pedí consejo a gente de mi entorno acerca de cómo retomar el ejercicio físico que hacía tanto tiempo que no practicaba. Una de las cosas que me contaron fue que las chicas solemos cometer una serie de errores por desconocimiento o por falsas creencias.

A las chicas nos da pavor coger una pesa. No queremos ponernos como Arnold “Charcheneguer”. Olvidamos que para ganar esa masa muscular tan notoria tenemos que hacer ejercicio con grandes cargas y estar bastante tiempo entrenando (además de tomar algún que otro anabolizante…).  Es una pena que eso ocurra, ya que al hacer pesas tonificamos nuestro cuerpo, adelgazamos con mayor facilidad al aumentar nuestro metabolismo basal  puesto que el músculo necesita bastante energía para su mantenimiento en reposo.

No nos alimentamos bien. Se nos mete en la cabeza que para tener un cuerpazo de infarto de aquí a unos meses lo ideal es morir de hambre y morir en el gimnasio. Reducción drástica de grasas, el pan ni mirarlo, cenamos cereales con leche porque una conocida marca de cereales asegura que es lo mejor para tener el tipazo de la modelo que aparece en la caja, tomar suplementos y complementos que nos prometen que acelerarán el camino hacia el cuerpo soñado… ¿Qué tal si nos dejamos guiar por un endocrino o un experto en Nutrición y Dietética que nos explique cómo modificar nuestra alimentación? O por el sentido común. Es posible seguir el dicho “Desayunar como un rey, almorzar como un príncipe, cenar como un mendigo” y adelgazar. Y para estar en forma no necesitamos tomar batidos de proteínas ni tomar los famosos termogénicos ni nada de eso.

No tenemos término medio: calva o con tres pelucas. Sobreentrenamos, yendo todos los días a hacer lo mismo sin darnos el suficiente descanso, pensamos que cuanto más hagamos antes tendremos el cuerpo que queremos…y nos estamos arriesgando a lesiones, a fatiga muscular. O vamos una vez por semana porque siempre hay una excusa.

No llevamos un sujetador deportivo. ¿A nadie le duele el pecho pegando botes en aeróbic o corriendo como si fuera la prima de Forrest Gump con ese sujetador viejo dado de sí? Un buen sujetador deportivo hace maravillas, sujeta bien el pecho, evita lesiones y daños innecesarios.  No son caros.

¿Qué otros fallos creéis que solemos cometer las chicas al ir al gimnasio o practicar ejercicio físico en casa o al aire libre?

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…que no ejercen de médicos, sino de otra cosa. Y es que tras 6 años de carrera y unos cuantos más de especialidad, algunos cuelgan la bata y el fonendo para dedicarse a otros menesteres.

El caso más famoso, quizá, sea el del Gran Wyoming, quien una vez declaró (la cita no es textual) que “quizá lo mejor que puede haber pasado es que yo no ejerciera la Medicina“.Humorista, presentador del mítico Caiga quien caiga, Miguel Ángel Monzón podría haber sido un buen House español con su punto de humor ácido.

 

Otro que también colgó la bata fue Julio Medem, que hizo Medicina con la idea de hacerse psiquiatra, punto al que no llegó tal como cuenta en algunas declaraciones.

 

 

El cantautor uruguayo Jorge Drexler también se dejó tentar hace tiempo por la Medicina por tradición familiar para dejarla poco antes de especializarse en Otorrino, dedicándose de lleno a la música. Como nota curiosa: siempre lleva unos tapones en conciertos de rock y discoteca para proteger sus oídos, ya que la exposición continua durante un tiempo al ruido es una de las principales causas de sordera tras los 40 años tal como él comenta.

Me dejo médicos famosos que no ejercen como tal en el tintero…os reto a comentarlos (no, no me valen Shora ni Fidalgo :) )

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